“La Historia del Malbec en 3 minutos”

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Los orígenes del Malbec
El centro histórico de producción de Malbec fue Cahors, localidad ubicada en el sudoeste de
Francia, cerca de los Pirineos. Se encuentra relativamente cerca de una de las principales regiones
vitivinícolas de Francia: Burdeos está 200 km al este de Cahors.

De acuerdo al estado actual de las investigaciones sobre el tema, Cahors es el lugar donde antes se
cultivó el Malbec. Una tradición sostiene que la vid ingresó a esta región en la segunda centuria de
la presente era (alrededor del año 150 después de Cristo), procedente de Italia, introducida por los
romanos. También se considera posible que haya llegado de otras zonas de Europa. Lo que está
claro es que allí se cultivó esta variedad, con la cual se elaboró un producto llamado a adquirir
singular prestigio, tal como reconocieron escritores y reyes.
Durante el imperio romano, el vino de Cahors, fue apreciado por las élites. Así se refleja en obras
de los autores clásicos, sobre todo Horacio y Virgilio. Después de la caída del imperio romano, se
produjo el colapso del poder político y las instituciones; pero el vino de Cahors mantuvo su
prestigio. En la Alta Edad Media, fue reconocido por el obispo de Verdún. Posteriormente, una
destacada mujer de esa región, Leonor de Aquitania, contribuyó a la expansión de los vinos de
Cahors, sobre todo en el mercado británico.

Los ingleses no solo compraban vinos de esa región, sino que se produjo un relevante flujo de
capitales e inversiones hacia la viticultura del sudoeste francés, lo cual contribuyó al debilitamiento
y definitiva desaparición de la viticultura inglesa (Unwin, 2001: 222).

El Malbec en la Argentina

La expansión del Malbec por el mundo, fuera de Francia, iniciada en el siglo XVIII hacia el este,
se completaría en la centuria siguiente, hacia el oeste, para llegar al Cono Sur de América: en
efecto, en las décadas de 1840 y 1850, las cepas de Malbec se comenzaron a cultivar en las Quintas
Normales de Santiago de Chile y Mendoza.
El Malbec llegó a Chile en la década de 1840. En el marco de la apertura política y cultural
generada a partir de la Independencia, la clase dirigente chilena comenzó a mirar hacia Francia con
creciente interés, con ambiciones de superación. En este contexto, uno de los aspectos que se
procuró incorporar, fue la vitivinicultura francesa, incluyendo sus cepas y sus técnicas de
elaboración del vino.

En este contexto vendrían a Chile especialistas franceses, como René
Lefevre, Claudio Gay y Michel Aimé Pouget, los cuales motorizaron importantes cambios en la
vitivinicultura nacional, acentuando las tendencias francesas (Briones, 2006). Junto con ellos, hubo
también otros franceses que realizaron aportes significativos. Y sus propuestas se difundían a
través de las nuevas instituciones creadas, precisamente para tal fin, como la Sociedad Nacional de
Agricultura (fundada en 1838) y la Quinta Normal de Santiago (1841). En estas condiciones se
produjo la llegada de las cepas europeas al suelo chileno.

En el plano institucional, el espacio más importante de este proceso fue la Quinta Normal de
Santiago. Fundada en 1841 por iniciativa del exiliado argentino, Domingo Faustino Sarmiento, su
nombre se inspiraba en la Escuela Normal de París, donde se cultivaban distintas plantas,
particularmente vides. La Quinta Normal de Santiago operó como una estación experimental, en el
sentido de introducir nuevas especies y variedades de plantas europeas, adaptarlas a los suelos y
climas americanos, y luego difundirlas en la región para mejorar la producción agrícola y
agroindustrial.

Después de la caída de Rosas y la normalización institucional de la Argentina, se generaron las
condiciones para recuperar el tiempo perdido. Sarmiento regresó a su país y promovió la fundación
de la Quinta Normal de Mendoza. Siguiendo el modelo de Francia y Chile, esta Quinta Normal se
propuso incorporar nuevas variedades de cepas, como medio para mejorar la industria vitivinícola
nacional. Esta iniciativa fue acogida por el gobernador de Mendoza, Pedro Pascual Segura, y su
ministro de gobierno, Vicente Gil. El 17 de abril de 1853 se presentó el proyecto ante la
Legislatura Provincial, con vistas a fundar una Quinta Normal y una Escuela de Agricultura.

La dirección de la Quinta Agronómica de Mendoza fue confiada al francés Michel Aimé Pouget
(1821-1875). Titulado en la Sociedad de Horticultura de París, Pouget debió exilarse debido al
golpe de Estado de Napoleón III. Para continuar con la práctica de su oficio, se radicó en Chile.
Allí se desempeñó al frente de la Quinta Normal, como así también en haciendas particulares de
Viluco y sobre todo, en Peñaflor, 40 kilómetros al oeste de Santiago, propiedades de don José
Larrain Gandarillas. En la zona de Peñaflor había una importante tradición de esmero en los
procesos de cultivar plantas frutales en general y vides en particular, como así también en la
elaboración del vino con equipamiento signado por la higiene y el cuidado.2 En este espacio, don
José Patricio Larraín llevó adelante un proyecto de innovación e incorporación de nuevas especias
y variedades a la producción rural chilena.

En estas condiciones recibió y aceptó la oferta del gobierno de Mendoza y se
puso al frente de la Quinta. Pouget llegó a Mendoza en 1853, a los 32 años de edad, con los aportes
de Quinta Normal de Chile, entre los cuales se destacaba “una gran carga de plantas y semillas que
incluía cepas de varios tipos, como por ejemplo, Cabernet Sauvignon y Pinot Noir; una de ellas era
la uva Malbec” (Beezley, 2005: 292).

Los antecedentes de Sarmiento en Chile, sobre todo la generosidad con la cual había servido a ese
país, fueron la base para que la Quinta Normal de Santiago proveyera de las cepas francesas a la
Quinta Agronómica de Mendoza. El historiador Maurín Navarro lo explica en los siguientes
términos:
“Al solicitar Sarmiento al gobierno de Chile elementos para fundar la Quinta Agronómica de
Mendoza, éste resuelve favorablemente y de inmediato su pedido de distintas variedades de plantas
y semillas adaptables a la zona, las que sin demora son remitidas a Mendoza. Dicho envío se hace
‘considerando que el señor Sarmiento ha contribuido poderosamente a la formación de la Quinta
Normal de Santiago, se resuelve entregarle todas las plantas que pida y desee remitir a Mendoza”

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El proceso de transferencia de plantas de la Quinta Normal de Santiago a la Quinta Agronómica de
Mendoza, resultó, a la larga, decisivo para esta historia. Posteriormente, este esfuerzo se extendió
hasta San Juan, donde también se creó una Quinta Agronómica. Bajo la protección política de
Sarmiento, estas unidades lograron incorporar millares de plantas para avanzar en el proceso de
renovación de la agricultura en general, y la viticultura en particular. En una carta de 1862,
Sarmiento daba cuenta del silencioso camino recorrido. En este marco se produjo la incorporación
de las uvas francesas a la viticultura argentina, particularmente del Malbec.

La vitivitinicultura argentina inició su recuperación a partir de 1990, apoyada en el Malbec como
cepa estrella. La superficie cultivada con esta variedad trepó de 10.500 hectáreas en 1990 a 16.350
en 2000, 26.900 en 2008 y 28.500 en 2009. El crecimiento en este periodo de veinte años (1990-
2009) fue del orden del 173%. El Malbec consolidó su posición como cepa emblemática de la
viticultura argentina para sus vinos tintos, y lideró las exportaciones nacionales que, a partir del
año 2000, iniciaron un avance progresivo y sin precedentes.

 

Fuente: winesofargentina

 

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Juanjo Tarud

Wine Guru