¿Cuando podemos devolver una botella de vino en un restaurante y cuando no? (Actualizado)

Beautiful Woman Wine Tasting

Si se compra un televisor y no funciona, cualquiera entiende que es motivo suficiente para devolverlo o para reclamar un reembolso de dinero. Lo mismo pasa cuando en el restaurante aparece una mosca o cucaracha en un plato. Ni hablar de una reserva en un hotel en donde no se cumplen las condiciones prometidas. Con el vino, sin embargo, la cosa no parece tan sencilla.
Supongamos que al descorchar una botella tiene aromas algo fétidos, o presenta un precipitado en el fondo, o sencillamente no sabe bien –o eso nos parece-, la primera reacción es que podríamos ir a la vinoteca o dirigirnos al mozo y pedirle que reemplace la botella. Pero lo más probable es que entremos en una discusión bizantina porque nadie conoce bien los defectos del vino y sólo un puñado muy grave nos habilita a un cambio de botella o a que nos reembolsen el dinero. Son los casos equivalentes a los del televisor que no anda o el plato con un insecto no deseado como ingrediente. Y estos son los principales:

El vino picado

De los defectos vínicos es el peor de todos. Sucede cuando el producto es atacado por bacterias aerobeas que, luego de un rápido proceso de descomposición, transforman el vino en vinagre. Como se trata de una cuestión de grado, es importante afilar bien la nariz: si el aroma de un vino recuerda a la cáscara de manzana roja, si está emparentado con el quitaesmalte o el vinagre a secas, y es dominante, es motivo suficiente para rechazar una botella. Y nadie puede discutir este asunto. Además, este defecto suele estar acompañado de un corcho que filtró vino hacia fuera, para más pruebas.

Gusto a corcho

Los vinos que a veces presentan un sabor marcado de cartón mojado, corcho o moho –y todos juntos, también-. Conocidos con el término de “bouchoné” o “encorchado”, esos vinos se descartan por completo. Si cupiese alguna duda al olerlos, basta con echarlo a la boca para que el sabor desagradable se vuelve dominante. Si este fuera el caso, es obligación cambiar la botella.

Un espumante sin gas

Hay buenos vinos espumantes y vinos cuyos corchos fallan en su tarea. Y si bien son pocos, es posible que en alguno de ellos la burbuja esté desvanecida y, por más que se lo sirva en el acto, no ofrezcan burbujas. Ese es motivo más que suficiente para devolver una botella. El problema, si no es en el restaurante, es que el vendedor de la vinoteca no nos crea. Básicamente porque la botella pierde paulatinamente gas y, al llevarlo unas horas después, puede creer que lo estamos engañando. Ahí siempre será palabra contra palabra.

Sin embargo, hay cantidad de casos en los que nos vemos tentados de reclamar nuestro dinero por un vino y, en el fondo, se trata de malas elecciones. Sucede más a menudo que los defectos, y en las generales de la ley, se sintetizan en los ejemplos que siguen:

Botella con sedimentos

Es NORMAL que algunos vinos tintos, cuando tienen algún tiempo dentro de la botella, presenten cristales de sal en el fondo. Son precipitados naturales de un vino en evolución, por lo que no hay queja posible al respecto.

Aromas fétidos

La mayoría de los aromas desagradables, como coles o huevos podridos, se pueden retirar de un vino con una buena aireación. Si al cabo de una buena agitación no se disipa, lo más probable es que haya que cambiar la botella. Nunca antes.

Astringencia marcada

Suele pasar con los vinos jóvenes, que ofrecen una sensación de sequedad y bríos en boca que no agrada. Si este fuera el caso, no hay mucho que hacer más que apechugar, porque la elección ha sido la errónea.

El vino quemante

A menudo pasa que nos traen un tinto que quema la boca. En este caso, suele mejorar con enfriar la botella un poco –y dejarla en torno a los 16ºC-. Si no cambiase esta sensación con el frío, es probable que la botella sea definitivamente una mala elección. Y no hay mucho que hacer al respecto.

 

 

fuente: llumac.cat

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Juanjo Tarud

Wine Guru